sábado, 2 de marzo de 2013

CINCO VENENOS BLANCOS (III)


        
La leche

      Se denominan productos lácteos a la leche y sus derivados, como los quesos, el yogur, los postres lácteos, el requesón, la mantequilla, etc. Todos ellos son productos muy comunes en la vida domestica de los hogares de occidente.
Se dice que la leche es un alimento completo, ella sola es capaz de nutrir y hacer crecer a un bebé. Si observamos su análisis de nutrientes nos dice que por cada litro contiene:
  1. Calcio (1,25 gr), fósforo (1 gr), potasio (1,5 gr), sodio (0,5 gr)
  2. Vitaminas: Vit-A (150 UI), Vit-C (10 mg), Tiamina (0,3mg), Niacina (1 mg), riboflavina (1,7 mg)
  3. Proteínas: 34 gr, con un 82% de caseína y un 18% de lactoalbumina
  4. Grasas, 35 gr, gran parte de ellas son saturadas y colesterol
  5. Carbohidratos: 49 gr, de lactosa

Su fama principal se debe a que está asociada al crecimiento y a que es vital para nuestros huesos y dientes, pero la realidad es bastante distinta. Aparentemente la leche de vaca debería de ser un “gran alimento”, pero en realidad es una sustancia nutritiva muy concentrada, muy densa, que genera grandes dificultades al organismo para poderla digerir y asimilar, porque: “No nos nutrimos de lo que comemos, sino de lo que digerimos, asimilamos y metabolizamos”.
Lo que llamamos leche en términos alimentarios es en realidad leche de vaca, olvidándonos qué papel cumple la leche en la naturaleza de los mamíferos. 
Todos los mamíferos inician su primera etapa de la vida alimentándose de leche, pero de leche materna de su propia especie. Ningún mamífero toma leche después del destete, excepto los humanos actuales, y mucho menos toman leche de otra especie animal distinta a la suya.
Para el ser humano solo existe una leche idónea que es la leche materna, de la madre o hembra humana, por ser la leche de nuestra especie mamífera, la Naturaleza lo ha dispuesto así.
La leche materna humana es muy distinta a otras leches de otras especies mamíferas, pero especialmente diferente de la de la vaca. La leche humana materna es un tipo de leche muy suave, fácil de digerir, con unas proteínas humanas, con las enzimas suficientes, con las hormonas necesarias para nuestro crecimiento natural, con el tipo de grasa idónea para nosotros, con los azúcares mejores para aportarnos energía, y con la correcta composición mineral para nuestra salud y nuestro desarrollo.
La composición mineral de la leche de vaca también es muy diferente a la materna. Contiene seis veces más fósforo y cuatro veces más calcio. Como consecuencia de esto se produce un estímulo excesivo de las glándulas paratiroideas, y un incremento de la excreción urinaria del exceso de fósforo.
En cuanto a la proporción de las grasas en la leche de vaca y en la materna es semejante, pero no así su composición. La leche humana es rica en ácido linoléico, importante para la maduración del Sistema Nervioso del bebé.
La leche de vaca contiene cuatro veces más proteínas que la leche humana, con una composición distinta en cuanto a azúcares, grasas, hormonas, enzimas y sales minerales. 
Esto podría explicar porqué la leche de vaca es tan difícil de digerir, asimilar y metabolizar por el ser humano, y está produciendo tantos problemas de salud. 
La sociedad, la comunidad científica y las instituciones creen que la leche y los lácteos son imprescindibles para tener una nutrición completa, que estos alimentos son imprescindibles para el crecimiento de niños y jóvenes, para el cuidado de la mujer en su embarazo y para que también transite correctamente en la menopausia. Sin embargo esto es solo una pura creencia, detrás de todo esto no hay más que un alimento que nos presenta muchas dificultadas para ser digerido, asimilado y metabolizado, que nos nutre en pequeña medida a costa de un fuerte gasto energético y dejándonos importantes residuos metabólicos, convirtiéndose en un importante factor de toxemia endógena.
      Uno de los problemas principales de la digestión y asimilación de la leche de vaca es su excesivo contenido en caseína (proteína láctea), que neutraliza el grado de acidez de los jugos gástricos, impidiendo a las enzimas del estómago desdoblar las proteínas de la leche para ser digeridas, pasando al intestino delgado parcialmente digerida o fragmentada, favoreciendo después en la siguiente fase digestiva, infecciones, putrefacciones intestinales y cambios en el pH gástrico. Este problema es mayor en el adulto pues deja progresivamente de fabricar renina gástrica, enzima importante encargada de romper las grandes cadenas de la caseína.
     Cuando los fragmentos grandes no digeridos de la leche de vaca, sobre todo de caseína, pasan al intestino, actúan como pegamento, depositándose en los folículos linfáticos del intestino, entorpeciendo la absorción de nutrientes y generando fatiga crónica e inflamación intestinal.
     Se calculan unas 25 proteínas de comportamiento antígeno presentes en la leche de vaca, de las cuales la caseína y la gammaglobulina bovina, son las que más reacción inmunológica producen en el organismo humano. El cuerpo se defiende de estas proteínas, considerándolas extrañas y dañinas.
    En definitiva, los lácteos tienen un alto contenido en antígenos que "agotan" el sistema inmunitario, haciéndolo más vulnerable a las infecciones y a enfermedades directamente relacionadas con nuestro sistema inmunológico.
      Se han descrito muchos problemas relacionados con los lácteos, entre los que se pueden citar:
  • Problemas circulatorios y de corazón
  • Alergias
  • Diabetes juvenil y en el adulto
  • Enfermedades otorrinolaringológicas
  • Asma
  • Acumulación de mucosidades, especialmente en los órganos genitales femeninos, la garganta, las cavidades nasales y en el aparato auditivo
  • Osteoporosis
  • Reducción el hierro en los niños pequeños
  • Carencia de ácidos grasos esenciales y Vitamina E
  • Síndrome del intestino irritable
  • Cataratas
  • Acné y arrugas en la piel
  • Artritis reumatoidea
  • Colitis ulcerosa
  • Dolores abdominales
  • Enfermedad de Crohn
  • Fatiga crónica
  • Fístulas y fisuras anales
  • Incontinencia urinaria o eneruresis
  • Migrañas
  • Trastornos del sueño
  • Acidosis, la preeclampsia

             Teniendo esto en cuenta, todas las personas, y principalmente las que presenten problemas de salud deberían disminuir al máximo los lácteos, pero las que padezcan de alergias cutáneas o respiratorias deberían suprimirlos totalmente y también todos los alimentos industriales que contengan caseína. Las caseínas están presentes en todos los lácteos (leche, quesos, yogurt), siendo más problemáticas en los quesos industriales, por su mayor concentración.
    No obstante, los quesos de leche no manipulada por la industria, fermentados artesanalmente y respetando los tiempos de curación, plantean menos problemas de carácter antigénico al consumidor.
   La falta de calcio para el organismo es el miedo más importante que presentan muchas personas para dejar de consumir leche. Sin embargo, según estudios estadísticos los lugares donde mayor es el consumo de leche de vaca y lácteos, es también donde mayores son los casos de osteoporosis y de otros trastornos derivados de la desmineralización, como caries dentales, pérdida y fragilidad del cabello, etc. En cambio en otros lugares del mundo, por ejemplo China o Japón, donde nunca se han consumido ni leche ni lácteos de ningún tipo, no se conoce la osteoporosis y ni otros trastornos similares de desmineralización.
Existen fuentes naturales de las que podemos obtener el calcio necesario para mantener la salud:
  • Vegetales verdes (brócoli, coliflor, col verde, berza, perejil, espinacas, acelgas…)
  • Almendras, anacardos, avellanas, cacahuetes, pistachos, nueces, ajonjolí, semillas de girasol
  • Frutas deshidratadas (en especial los higos secos, dátiles, uvas y ciruelas pasas)
  • Avena, arroz integral
  • Leche de soya, tofu
  • Garbanzos, judías pintas y negras, lentejas, granos de soya
  • Alfalfa, batata, repollo, apio, judías verdes, calabaza
Del mismo modo, existen muchas alternativas a la leche animal y que aportan múltiples beneficios al organismo:
  • Bebida de avena. Muy rica en fibra y en vitamina B (buena contra el estrés)
  • Bebida de sésamo. Es, junto a la soja, lamás rico en lecitina, alimento energético, bueno para las facultades intelectuales y laxante. Se recomienda contra la osteoporosis
  • Bebida de espelta. Buena para dietas vegetarianas por sus proteínas de calidad. Fortalece huesos y tendones
  • Bebida de castañas. Es muy energética, fácil de digerir y aporta vitamina C (antioxidante)
  • Bebida de coco. Diurética, buena para preparación de alimentos, alto contenido en fibra e ideal para luchar contra parásitos intestinales
  • Bebida de semillas de calabaza. Buena contra parásitos intestinales, desinfecta y desinflama la próstata y tiene un gran aporte de ácidos grasos, zinc, vitaminas A, E y F, magnesio, fósforo y hierro
  • Bebida de chufa (más conocida como horchata). Refrescante, digestiva y de buen sabor, reduce el colesterol, antioxidante, buena contra la arteriosclerosis, ideal para diabéticos y celíacos. También es energética y rica en minerales y vitaminas C y E. No tienen nada de sodio
  • Bebida de arroz. La más digestiva y refrescante. Energética gracias a su alto contenido en hidratos de carbono
  • Bebida de almendras. Pobre en sodio y rica en potasio (ideal para casos de diarreas o vómitos). Buen aporte de calcio y fósforo, por lo que se recomienda en etapas de desarrollo, para mujeres gestantes y para ancianos. Buen aporte de proteínas
  • Bebida de avellanas. Con alto contenido en L-Arginina, bueno para prevenir lesiones en arterias y coágulos de sangre, baja en sodio, rica en ácido fólico (ideal para embarazadas, porque disminuye las probabilidades de malformaciones en el feto) y en calcio, fósforo, potasio y magnesio

Cambiemos paradigmas, no tenemos que seguir haciendo lo mismo que hacían nuestras madres y abuelas
Si tienes dudas sobre este tema, investiga y experimenta, notarás la diferencia en tu salud y en la de los tuyos

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